18.6.09

El Desafío a la Santidad Día 21: Los perseguidos

Estamos terminando la Semana Tres del Desafío a la Santidad. Quiero aprovechar para felicitarte en haber llegado hasta aquí.

Puede que hayas fallado unas cuantas veces.

Puede que hayas tenido que volver a empezar.

Si has sentido criticas de tus amigos o hasta de tu familia acerca de algunos cambios que estas haciendo en tu vida, entonces estas viviendo el desafío. Cuales son algunos de los comentarios que has escuchado?

“Y quien te crees que eres? (Tus cambios me están haciendo sentir incomodo porque reconozco que yo no estoy viviendo como se supone que debería)

“Porque no tratas algunos de esos cambios aquí? (Se que estas tratando de ser lo mejor que puedes ser, pero cada vez que te tropieces puedo echártelo en cara).

“Pero no te acuerdas cuando tu…” (No trates de ser una mejor persona porque entonces yo también tendré que tratar y prefiero estancarme en la mediocridad).

Siempre me divierte cuando alguien tiene un problema con que yo trate de ser mejor, o si un estudiante o ministro con el que estoy trabajando dicen que no entienden porque la vida es tan difícil si ellos rezan, hacen lo que tienen que hacer, de acuerdo a su vocación, y básicamente, están tratando de seguir el camino correcto.

Tengo una pregunta para ti.

Le crees a Jesús?

Si le crees a Jesús (si estas leyendo los Evangelios, ya deberías de creerle) entonces cuando Jesús dice una y otra vez que vamos a ser perseguidos por en su nombre, porque te crees inmune?

Los primeros cristianos fueron perseguidos de más. En el siglo 20 hubo más mártires Cristianos que en cualquier otro tiempo en la historia. Y aun así nos sorprendemos cuando pasamos por tiempos difíciles solo por hacer lo correcto. Nos sorprendemos cucando la “persecución” viene de gente que se debería actuar mejor.

Nuestra parroquia no quiere ofrecer el estudio Bíblico que propusimos.

Alguien que es muy importante en un ministerio en la parroquia está involucrado en comportamientos escandalosos, que reflejan mal en la parroquia, o nosotros.

Y seguimos siendo sorprendidos.

Bueno, hay que dejar a un lado el buscar como evitar la persecución. Van a suceder en tu vida. Acéptalo. Puede que te sorprendas en la manera que se presente, pero no te sorprendas de que suceda. Jesús no estaba bromeando. Lo crucificaron. Porque tú deberías ser tratado diferente?

Lo que podemos aprender con el Desafío es como vamos a manejar la persecución. Hay una virtud de la que no hemos hablado y que encaja muy bien aquí: la Sabiduría.

La Sabiduría no quiere decir inteligencia. La Sabiduría es lo que Salomón tenía al principio, lo que le pidió a Dios cuando El lo bendijo al principio de su monarquía. Es la habilidad de discernir la voluntad de Dios, mientras el mundo a nuestro alrededor esta en caos.

Es por eso que la Sabiduría en la Persecución es tan importante. Cuando somos perseguidos es fácil para nosotros el sentirnos derrotados y dejar de rezar, el hacernos cachitos, el hacer las cosas de las que somos acusados y tratar de evadir responsabilidad.

En lugar de esto, la Sabiduría nos ayuda a ser prudentes y a ver a la persecución en la manera en la que Cristo la vio frente al Sanedrín y la manera en que le hablo a la gente desde la Cruz.

El perdonó.

El dijo la verdad.

El se mantuvo callado frente a sus mentiras, dejando que las acciones demostraran lo contrario.

Podemos hacer lo mismo, pero va a requerir mucho auto-control. No podemos imitar lo que vemos en los programas de reality, donde la gente expresa su enojo con gritos que no ayudan a la comunicación. Necesitamos continuar con lo que empezamos el primer día del Desafío. Nuestra continua conversión significa una conversión de nuestras reacciones ante las persecuciones.

Eso puede que sea la persecución más difícil de todas. El ser capaces de aceptar la persecución en silencio, aun cuando sabemos que la persecución es injusta, que no merecemos lo que recibimos.

Hoy, trabaja en esas reacciones. Ahonda en la oración. Trabaja en la prudencia. Trabaja en perdonar, hablar la verdad y dejar que tus acciones hablen por si mismas.

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