15.6.09

Desafío a la Santidad Día 10: Libre del Enojo

El desafío de hoy es personal para mí. Principalmente porque este es un aspecto y debilidad de mi personalidad que parece manifestarse seguido. No se porque me enojo al grado que lo hago, solo se que la emoción empieza en la boca de mi estomago y que me duele el pecho. Parece que no puedo controlarme cuando mi cabeza empieza a calentarse, literalmente. No se si es por las injusticias que veo, o porque siento que me están atacando personalmente.

Se que a veces cuando “exploto” solo es un show. Puedo sacar lo que tengo dentro, y hacer reír a la gente. Al final, todo se soluciona.

Ni siquiera se si eso sea sano.

Cuando examino mi vida, no puedo pensar en un momento donde el explotar de mi enojo haya ayudado la situación o beneficiado a la persona que estaba tratando de defender o ayudar. Casi me parece un chiste. He gastado tanta energía en estar enojado que pensaría que ha habido algún beneficio. Es literalmente el desgaste mental, emocional, y espiritual mas ineficiente que hay.

Claro, hay ocasiones en las que debemos mostrar cierto grado de enojo cuando las cosas no son como deberían de ser, cuando Dios no esta recibiendo lo que le corresponde, cuando hay injusticias graves, pero eso no debería de alejarnos mas de Dios, alejarnos mas de la santidad. No debería convertirnos en demonios que están buscando una pelea, buscando algún motivo para sacar toda esta emoción que tienen dentro.

Hoy, necesitas convertir ese enojo en una oración.

Cuando tu paciencia ya no da más, di la oración de Jesús.

Cuando tu idea de justicia grita por ser cumplida, agradécele a Dios por esa oportunidad.

Cuando sientas que eres el único que puede defender lo que es correcto de manera efusiva y gritando, deja que Dios sea Dios y adóralo por lo que El es.

Cuando sientas que estas en lo correcto, y tus emociones empiecen a elevarse, tomate un momento para pedirle a Dios la paciencia que necesitas.

Se que se difícil, acuérdate de mantener controlados tu orgullo y envidia. Si sabes que Dios es Dios, entonces debes reconocer que El es el responsable de todo. Si no envidias a la gente por su éxito, entonces es menos probable que vas a estar enojado porque tienes “menos” que ellos.

No te excuses citando a santos “malhumorados” o gente santa que tenia mal humor o las veces en las Escrituras en las que Jesús les decía sus verdades a la gente, los hipócritas que le hacían la vida difícil a los oprimidos.

Nosotros no somos esos santos. Todavía. Recemos a Dios para que nos haga santo para que nuestro enojo sea prudente, y no desproporcionado.

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