Me encantan las historias de Santo Tomas de Aquino. Su aceptación de la verdad de Cristo a través de la Fe y la Razón es asombrosa.
En una historia, la familia de Tomas estaba tan preocupada por su decisión de llevar una vida célibe que lo encerraron en un cuarto con una prostituta para “curarlo”. El la corrió del cuarto con un palo y como recompensa de parte de Cristo, fue bendito con nunca más tener que preocuparse ni ser tentado por deseos sexuales.
En otra historia, después de haber escrito “Summa”, Cristo se le apareció le dijo: “Tomas, has escrito bien de mi, qué deseas?”
Tomas le respondió, “Solo a Ti, Señor”.
En esta sencilla oración se resume el principio de la tercera semana del Desafío a la Santidad. Esta semana no vamos a enfocar en vivir las Bienaventuranzas y el empezar con “Bienaventurados los pobres de Espíritu” parecer apropiado. No solo es la primera de las Bienaventuranzas, sino que es la actitud que necesitamos para poder vivir las demás.
Cuando alguien es pobre de espíritu, reconoce el orden de las cosas. Nuestro espíritu reconoce que no somos nada por nosotros mismos, que Dios es la fuente de toda bondad. Que Dios es el principio de toda la Creación.
Qué querrá decir el ser “rico en espíritu”?
Si alguien es rico entonces tienen muchas posesiones, o tienen acceso a ellas. Si alguien es un espíritu, qué posee? Espíritus no tienen necesidad de ninguna cosa. Los espíritus no comen, no necesitan una casa. Los Espíritus son intelecto y voluntad.
Quien es intelecto y voluntad perfecta, la fuente de todo intelecto y voluntad?
Dios.
Cuando reconocemos que Dios es la fuente de todo intelecto y voluntad, o la fuente de toda sabiduría y amor, la fuente de todo lo verdadero, bueno y hermoso, entonces reconocemos que en la verdad, somos pobres de espíritu. No lo tenemos todo. Nuestra vida espiritual entera es de Dios en el Cielo.
Este es el primer paso hacia la humildad.
Este es el primer paso hacia rechazar el orgullo.
Este es el primer paso a la Fe. Creer, y responder al llamado de Dios. Como se dijo en la película, Rudy, “Hay un Dios, y no soy el”.
Cuando reaccionamos con Fe, cuando actuamos con Fe, respondemos con ese concepto de pobreza en espíritu, la humildad a la que Jesús nos llama en la Bienaventuranza.
Hoy, mientras empezamos a leer el Evangelio según San Lucas esta semana, enfócate en tu propia pobreza de Espíritu. Nuestra necesidad de una dependencia total en Dios. Nuestra necesidad de confiar en la Fe. Responder al llamado de Dios de manera única, para lo que fuimos creados.
A fin de cuentas, es simplemente, “Solo a Ti, Señor”.
Gracias, Santo Tomas, por esa frase tan sencilla de Fe que nos enseña la verdadera Pobreza de Espíritu.
17.6.09
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