Que dejados.
No pelean por lo que creen. No son como William Wallace. No serian buenos gladiadores, y hubiera dejando que los persas entrarán a Grecia, con o sin los 300 espartanos.
Los Pacificadores mansos son una broma.
Rezan mientras otros actúan.
Se sientan mientras otros avanzan.
Ofrecen la otra mejilla mientras otros levantan sus escudos.
Permiten que los malos ganen, y que los buenos pierdan. Nadie los respeta. Son los primeros a los que molestan en el camión, y son a los últimos que escogen para jugar a la pelota.
Les disparan.
Los pisan.
Se aprovechan de ellos.
Les cortan la cabeza.
Los queman vivos.
Se los comen los leones.
Son martirizados.
Son crucificados.
Se les llama Farol Wojtyla.
Se les llama Ghandi.
Se les llama Maximiliano Kolbe.
Se les llama Tomas More.
Se les llama Pedro.
Se les llama Jesús.
Los mansos no son nada débiles. Los pacificadores casi nunca hacen sentir a los que están junto a ellos “en paz”. El ser manso requiere mucho valor. Requiere verdadera fortaleza. Requiere ser un siervo de Dios totalmente.
“Aparta de mi esta copa, pero no se haga lo que yo quiero, sino lo que tu quieras”.
Esta es la oración de los pacificadores mansos, los que nos muestran las cosas que solo ellos pueden hacer. Los que nos muestran las cosas que nadie mas quiere ver. Las injusticias que están pasando. El mejorar las injusticias no con una retórica impresionante, por la fuerza, o intimidando con su inteligencia, sino simplemente con la verdad. Escogiendo y deseando la voluntad de Dios antes que su propia voluntad. Escogiendo el camino que es probablemente el mas difícil, pero el que probablemente los llevará a los mejores resultados.
Es por esto que la violencia de los que escogen el aborto nunca ganará.
Es por esto que nunca venceremos a la Jihad musulmana por la fuerza.
Es por esto que la fe nunca será transmitida por la espada.
Es por esto que el gritar nunca le ayudará a nuestra cultura.
Jesús nos dijo en el Sermón de la Montaña como ser el tipo de personas que pueden cambiar al mundo, y a través de la historia nos hemos negado a escucharlo. No le ponemos atención. Creemos que podemos torturar hasta que ganemos, o que el más fuerte puede forzar la victoria. Creemos que si la Iglesia tuviera más dinero, o mas influencia política, podría traer el Reino de Dios.
Nos mentimos a nosotros mismos al creernos el mito del mundo.
Veremos el Reino de Dios cuando seamos capaces de ser los pacificadores mansos que Dios no ha llamado a ser.
Veremos el Reino de Dios cuando nos dejemos arrestar por rezar el rosario en un colegio Católico.
Veremos el Reino de Dios cuando reaccionemos con amor cuando nos insulten por hablar de la verdad en público.
Veremos el Reino de Dios cuando dejemos de escuchar a los abogados y escuchemos al Dador de la Ley.
Veremos el Reino de Dios cuando dejemos de dar excusas y empecemos a ser santos.
Esto no es debilidad. Esto no es ser un dejado. Esto no es un desafío fácil. Por hoy, escoge el camino del pacificador manso. Pierde una pelea. Deja que se aprovechen de ti. Deja que el mundo te vea como un loco.
El tipo de loco que piensa que una crucifixión marcó la victoria más grande en la historia del universo.
18.6.09
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