Aquí voy de nuevo con comida.
No fue suficiente que hable del ayuno cuando discutimos la Glotonería la semana pasada.
No fue suficiente que soñé con Whoppers cubiertas de queso.
No es suficiente que el helado es una comida de suprema importancia para bajar de peso en mi mundo.
No.
El desafío de hoy es el “hambre” por la Justicia.
Creo que lo primero que tenemos que hacer es definir que queremos decir con “hambre”. Tener hambre es querer alimentos. Eso quiere decir que no tienes los alimentos que necesitas. Eso quiere decir, que por algún motivo, no estas recibiendo el combustible que tu cuerpo necesita para sobrevivir. Eso es el hambre.
No estoy hablando de antojos.
Los antojos suceden cuando estas aburridos y viendo deportes y abres una bolsa de papas porque necesitas algo salado, y después, estas tomándote todo el refresco de tu casa porque ahora necesitas algo dulce. Y después de toda esa azúcar, necesitas una taza de café para reponerte y poder leerle a las niñas “Barbie y el Castillo Diamante” como 15 veces antes de que se vayan a la cama y tú puedas irte a dormir. Pero entonces el café te energizo de más y ahora estas limpiando tu sótano a las 12.30 de la noche, y tu esposa te da una taza de té para que te calmes y puedas dormir, aunque sea unas tres horas.
No que me haya pasado esto antes.
Los antojos son diferentes del hambre.
Eso lo aprendí cuando fui a Toronto en el 2002 para el Día Mundial de la Juventud. Después de no haber comido por 16 horas, algunos de los estudiantes de la prepa que fueron con nosotros estaban formados para recibir la comida y estaban hablando de que tan hambrientos estaban. Creo que utilizaron la frase “muriendo de hambre”.
Detrás de nosotros había unos jóvenes de un país Europeo que había pasado por momentos difíciles recientemente. Vieron a mis estudiantes y les dijeron, “No tienen idea de lo que es el hambre, ni de que significa morirse de hambre”.
Y tenían razón.
Somos increíblemente privilegiados en este país de no haber experimentado, al menos en los últimos 49 años, para la mayoría de nosotros, ningún tipo de privación de comida. Creo que ese es otro beneficio del ayuno. Nos ayuda a reconocer que es el hambre de verdad, y a saber como es diferente de los antojos.
Reconocemos, día a día, la necesidad de que las cosas estén en “orden” o que sean “justas”? Sabemos que hay cosas en este mundo que están fuera de control. Sabemos que nuestras prioridades no están bien hechas. Sabemos que tenemos que preocuparnos por cosas importantes y que al final, la mayoría de las cosas a las que le invertimos mucho tiempo y energía no son tan importantes.
Estamos hambrientos de Dios, para que sea lo más importante en nuestras vidas?
Estamos hambrientos para que nuestra vocación sea la correcta?
Estamos hambrientos para amar a los que nos rodean?
Estamos hambrientos de estar con el Señor en la oración?
De verdad hambrientos. Mas allá de un antojo, que es una reacción emocional. Verdaderamente hambrientos, que de verdad reconozcamos que cuando no seamos justos, es que estamos emocionalmente desnutridos. Que no tenemos lo que necesitamos para funcionar como seres humanos.
Cuando las cosas están bien, estamos practicando la virtud de la “Justicia”. La Justicia requiere que las cosas se hagan en el orden correcto. Cuando hay Justicia entonces todos están recibiendo lo que merecen. Dios esta primero, nuestra vocación segundo, y amar a los demás tercero. Nuestra hambre por la Justicia es lo que nos mueve como personas. Reconocemos que hay cosas que no están bien con el mundo y tratamos de arreglarlas nosotros mismos. Pensamos que si hacemos mas trabajo voluntario en aquel lugar, o si pasamos más tiempo en aquel ministerio, entonces podríamos satisfacer nuestra desnutrición interna.
Necesitamos reconocer que estamos sedientos, hambrientos de Justicia verdadera, que es la Verdadera Justicia.
Hoy, reconoce esas áreas en tu vida donde estas desnutrido. Las áreas que están hambrientas de Dios, de tu vocación, de tu amor por los demás.
Hoy, reconoce tus antojos. Supéralos. Ponle atención a tu hambre.
18.6.09
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