18.6.09

El Desafío a la Santidad Día 18: Los Misericordiosos

No creo que haya algo más controversial en las Bienaventuranzas. Esta semana, mientras estoy reflexionando en ellas, me convenzo cada vez más que Jesús, al proclamar el Sermón de la Montana, sabía de su habilidad para cambiar la vida de las personas.

El desafío de hoy: La Misericordia.

Puede que pienses que la misericordia significa simplemente el perdonar a alguien y dejar que se vayan en paz, con esto quiero decir, que tenemos que soltar a nuestros prisioneros, dejar de castigar a las personas. Al contrario de ayer, con los pacificadores mansos, los misericordiosos no permiten que nadie se aproveche de ellos.

Por el contrario. Es tan fuerte su deseo de ser santos, que los misericordiosos, con sus acciones, les demuestran a otros el comportamiento que causa coraje, controversia, y desdén. Por qué hacen eso los misericordiosos?

Velo de esta manera.

Jesús, un sinfín de veces, ilustró que necesitamos perdonar a las personas que nos deben dinero. Que necesitamos regalar las cosas que tenemos si tenemos más que lo necesario. Que necesitamos ser los primeros que le demuestren al mundo el significado de la misericordia. Que no podemos esperar recompensas, pero que tenemos que ser los primeros en recompensar a otros.

Esto quiere decir que la misericordia duele. Quiere decir que si regalo dinero, no voy a tener dinero que cumplir con mis responsabilidades. A menudo, cuando se habla del concepto de la limosna u ofertorio, pensamos que es un buen concepto, en teoría. Creemos que debemos de dar limosna, así que cuando un centro caritativo tiene un teleton o pasan la canasta de limosnas en la iglesia, les damos unos pesos y consideramos que cumplimos.

Eso no es Bíblico, y no es la tradición de la limosna.

La tradición es el diez por ciento y se remota al ofertorio de Abraham a Melchizedek. No es lo máximo. Es lo mínimo.

Difícilmente son la persona indiada para darte consejos en asuntos financieros, pero si se que sí Dios no es Dios en nuestras finanzas, entonces estamos perdiéndonos de un elemento clave en nuestras vidas. Especialmente en una sociedad que está tan regida por el avance económico.

Entonces, el desafío de hoy en un desafío practico. Crea un presupuesto. O revisa tu presupuesto. Asegúrate que el 10 por ciento de tus ingresos estén designados para ser donados. Si puedes dar mas, hazlo.

El cinco por ciento debería ser donado al lugar donde rindes culto. He trabajado en suficientes iglesias que puedo decir que la cantidad de personas que dan dos pesos en la canasta en la misa. Dos pesos. Muchas veces hasta lo ponen en un sobre especial para poder deducirlo de sus impuestos. Creo que eso es casi patético.

Una vez calcule que si las familias de cada parroquia dieran el cinco por ciento que sus ingresos cada semana, las primarias católicas serian gratuitas. No solo eso, piensa en el ministerio que podría hacer la Iglesia si recibiera de tres a cinco millones al año. No habría necesidad de teletones. No habría más ventas en la Iglesia. Una Iglesia guiada verdaderamente por la misericordia.

El otro cinco por ciento debería ser reservado para otro lugar que tú creas apropiado. Una caridad. Una organización que este luchando contra una enfermedad. Es tu elección. A lo mejor podrías ponerlo en una cuenta de ahorros y luego darlo todo junto en un acto de súper generosidad.

El punto es, una vez que entendamos el concepto que tenemos que darle a Dios, podemos entender que mientras más damos, mas crecemos. Nos distanciamos de las posesiones. Crecemos en la habilidad de sacrificarnos por amor. La habilidad de amar de tal manera que va más allá del diez por ciento. Se vuelve parte de nuestro ser.

Empezamos a vivir en la comunidad Cristiana ideal que se describe en los Hechos de los Apóstoles, donde nadie en la comunidad necesitaba de nada porque todos cubrían las necesidades de los demás. Eso es vivir la misericordia. Tal ves algún día, El Proyecto a la Santidad pueda crecer y convertirse en un agente de esa caridad y misericordia. Por ahora, empecemos con nosotros mismos.

En un lugar donde nadie de nuestros seres queridos necesite (o quiera) nada, ahí prospera la Caridad.

En un lugar donde nadie necesita nada, ahí prospera la misericordia.

Eso no quiere decir que debemos abrir las puertas de nuestras prisiones. Eso no quiere decir que debemos permitir que la gente nos trate a su antojo.

Eso quiere decir que nosotros abrimos las puertas de nuestros corazones. Quiere decir que abrimos nuestras almas a los demás.

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